III. Última Etapa del Teatro Principal

III. Última Etapa del Teatro Principal

Llegó la guerra y una bomba destrozó el teatro. Realmente no precisaba ya su existencia, porque era el tiempo en que el hombre se olvidó del arte; que el arte es vida, sublimidad, elevación de espíritu, y la guerra significa muerte, horror, desolación y espanto. Era la guerra que segando vidas y destruyendo hogares, no respetaba tampoco los templos en que se daba culto a la religión o se veneraba el arte. Por eso cayó el Teatro Principal, al igual que le sucedió a otros templos; y triste, maltrecho y roto, permaneció así algunos años a la expectativa de ver cómo reaccionaban con él los alicantinos.

Y sucedió lo que no podía por menos de suceder, que así como en otras poblaciones, después de la guerra, muchos de los teatros rotos se convirtieron en Bancos y muchas de las salas de espectáculos fueron desde entonces oficinas de seguros, alicante quiso, en lo posible, conservar intacta la historia del Principal.

Por eso, seguidamente se proyectaron las obras de reconstrucción, según los planos del arquitecto Vidal. Muchos de los propietarios se encontraban imposibilitados de sufragar los gastos que a su acción correspondieran; que también harto maltrechos la contienda les dejó. Y entonces, la Junta Administrativa recurrió a otra entidad netamente alicantina: la Caja de Ahorros, cuya vida, paralela a la vida del Teatro Principal, transcurrió siempre al servicio de las necesidades que alicante para prosperar sintiera. Primero, el mercado; después, la Lonja, y ahora, el Teatro, son las pruebas inequívocas, en su ya larga existencia, del alicantinismo de la Caja que Eleuterio Maisonnave en buen hora fundó para nuestra ciudad.

La Caja, en esta ocasión, proporcionó el dinero necesario e inmediatamente obreros y artistas alicantinos comenzaron la tarea de reedificar el templo de arte que la guerra destrozó.

La obra se terminó felizmente, y Alicante de nuevo siente el orgullo de tener uno de los teatros más bellos que en España existen. Las Puertas del Principal se abrieron de nuevo al pueblo, y en su sala, deslumbrante de hermosura, otra vez sonó la música seductora de Chapí.

La noche del 10 de octubre de 1941 marca para nosotros la última etapa de la vida del teatro Principal. Es una vida nueva, muy semejante a la vida nueva de las personas; seductora, porque nace cuando todo se creía muerto; pero es una vida distinta a la vida de otros tiempos , de aquellos tiempos de los años mozos, que añoramos con razón, o equivocadamente, para nuestro bien o para nuestro mal, los viejos.

La generación presente conoce del Principal la riqueza de su sala, el valor del decorado, el “confort” de los asientos, las distracciones del bar. Los que ya pertenecemos a una época pasada, añoramos la majestad de la sala que la guerra destrozó; la depuración de un arte, hoy, sin género de duda, en decadencia constante; aquella familiaridad con que a diario en el Principal nos veíamos, quizás las mismas personas. Añoramos el valor de aquellos nuestros artistas, cuyos triunfos eran nuestros. Los nombres de Teresita Barrachina, Pérez, Prieto, Carmencita Estrella y tantos otros, nos alegra el pronunciarlos.

Pero hoy el artista que triunfa ya no se le mima como entonces se le mimaba...¡Qué sé yo!... era algo especial. Entonces, el artista era nuestro; se le sentía como un héroe del pueblo; y hoy se le mira tan sólo como el negocio del empresario que su arte descubrió.

Entonces, el artista alicantino, al triunfar fuera de su tierra, sólo ansiaba regresar a la “terreta” para consagrarse en el escenario del Principal. Y cuando aquí se le anunciaba, el público ansioso acudía al teatro para ayudarle en su triunfo.

Hoy no existe ese entusiasmo; pero es preciso que renazca para que vuelva a sentirse la ilusión por el Teatro Principal.

* * *

El día 25 de septiembre de 1947 cumplió cien años nuestro primer coliseo; bendito teatro que en el rodar de los años conserva la majestad de su soberbia portada, con las columnas tan altas que en el día de hoy ya tienen el título de centenarias; relicario que atesora los más íntimos recuerdos de cuatro generaciones. Cuando transcurra otro siglo, los que aquel día vengan para celebrar la fiesta del segundo centenario recogerán seguramente el recuerdo de este pueblo, como nosotros recogimos el que dejaron nuestros abuelos.

Desde la fecha del primer centenario hasta el momento actual, parece que el teatro toma nueva vida y el público agota las localidades cuando se anuncia un concierto o se abren las puertas para las fiestas del arte. Entre otras solemnidades, recordamos aquel concierto de Iturbi con la orquesta valenciana; los Juegos Florales del 23 de enero de 1950 y del 31 del mismo mes en el año actual, en los que García Nieto y Gerardo Diego, con magníficos poemas, ganaron la Flor Natural; y aquella fecha inolvidable del 25 de enero de 1950, en que los poetas de Lara, capitaneados por Conrado Blanco, salieron por primera vez de su linda “bombonera”, glorificando con su presencia la historia del Principal. Aquella noche, el público, henchido de entusiasmo, no cesaba de aplaudir y les pedía que volvieran; y volvieron la noche del 4 de febrero de este año para volver a enloquecer a este público alicantino que tiene a gala decir que a los poetas de Lara sólo el Principal de Alicante pudo arrancarles de su escenario.

Nuestro Teatro Principal es parte integrante de la historia de este pueblo. Por ello, los alicantinos le mimamos y nos sentimos orgullosos de él.

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