26/7/2009

ARTURO FERNÁNDEZ

Con Nieves Herrero

ARTURO FERNÁNDEZ

ARTURO FERNÁNDEZ, "Soy incapaz de ver a ninguna mujer fea"

Sumario

"Cada etapa de mi vida ha tenido nombre de mujer Lola, mi madre , me marcó para siempre. Incluso ahora , que ya no está. Cuando me vine a Madrid, lo hice por una mujer, Ana. La conocí en el verano del año 50 y me fui tras ella. Recuerdo también a mi tía Iluminada, que se convirtió en mi ángel de la guarda. Isabel que me dio la gran satisfacción de mi vida: mis hijos, una familia. Paula Martel que consiguió que mi sueño de niño se hiciera realidad, tener una hermana. Y finalmente, Carmen (su pareja desde 1980), mi puerto, mi solidez..."


Habla Arturo Fernández, el último galán del teatro español, quien mejor ha conectado con el universo femenino en el escenario o fuera de él. Podría ser el protagonista de una novela antagónica del escritor sueco Stieg Larsson: el hombre que sí amaba a las mujeres. El título le parece bien. "Vale, lo compro. Pero los hombres no sabemos muy bien cómo quereís que se os ame...", afirma medio en broma.


El actor, que se vino de Asturias persiguiendo a una mujer, Ana- "pensé que si no la veía más me iba a morir" -se ha vuelto más racional. "Yo diría que los años te hacen más sensato, ves las cosas desde otro prisma y estás más ducho en las emociones y en los desengaños". Eso no quiere decir que esté de vuelta de todo... "En absoluto. Hace muchos años me prometí a mi mismo que no iba a ser viejo. La vejez es carecer de ilusiones, de nuevas metas, de capacidad para sorprenderse. Yo he aprendido a justipreciar cada cosa, ya sea grande o pequeña", aclara.


ETERNAMENTE JOVEN. Por sus palabras se podría decir que Arturo ha hecho, como Dorian Gray en la novela de Oscar Wilde, un pacto con el diablo. Es imposible que un hombre que no ha pisado un gimnasio en su vida, esté con esta vitalidad y este físico."Mira, con el diablo no puedo pactar porque no me fío de él, seguro que me traicionaría. Y con Dios, tampoco. Creo que ha sido suficientemente generoso conmigo. Lo que me mantiene en forma es la gimnasia que hago sobre el escenario. La gente se asombra de cómo, a mi edad, puedo hacer tantas cosas en La montaña rusa, mi última comedia. Somos dos y parecemos 40. Puede ser eso pero, sobre todo, creo que me encuentro bien porque soy muy feliz. Además, yo no admito un disgusto".

El actor gijonés ha forjado su propia filosofía de vida. En el peor de los casos, ha decidido no inmutarse, no sufrir. "Hombre, si el disgusto viene porque ha muerto un ser querido puedo sentirlo, pero me digo a mí mismo que se ha ido antes porque me va a esperar... La vida es así. Hay un final para todos. Eso hay que aceptarlo". Comenta cómo admira al amigo que murió recientemente y dejó por escrito que no quería que le lloraran, sino que la gente comiera, bailara y se divirtiera en su funeral. "Su vida fue alegre, ¿por qué llorar al final?", aduce. Arturo asegura que las personas tendemos a preocuparnos por cosas que no tienen importancia. "Solemos darnos cuentas del error cuando nos vienen problemas grandes. No hay que quejarse, sino aceptar las cosas tal y como son". Quizás por esa forma de pensar, esquiva caer enfermo. "Jamás. En los 50 ó 60 años que llevo encima de un escenario, he suspendido una función por enfermedad. He salido hasta con fiebre de 40 grados, con lumbago muy gordos... Es pisar el escenario y se me quita todo".


A los médicos procura visitarlos poco. "Si, porque los temo". De todas formas, se reconoce muy fatalista, ya que está convencido de que el destino rige nuestras vidas". "Nos dice cuándo nacemos y cuándo morimos. Ya puedes hacer lo que te dé la gana, tener todo el dinero que quieras, que si tu hora a llegado, no hay más".


Asegura vivir sin miedo gracias a su padre, al que vio poco por culpa de la guerra y del exilio. Era anarquista, obrero de la estación ferroviaria de Langreo y militante de la CNT. "Cuando tenía 6 años y vivía en Asturias, me daban miedo las tormentas y mi padre me ponía en el balcón por la noche y me encerraba allí para que viera los truenos y comprobara que no pasaba nada. Al final, consiguió quitarme el miedo a todo. Incluso, a los fantasmas". La anécdota es excepción, poque casi todos sus recuerdos están ligados a su madre. "Ella me dio el ejemplo de la firmeza desde la ternura; el de la entereza frente a la adversidad; el de la coherencia y la tolerancia; el de la responsabilidad y la independencia."

MAGAZINE .- El Mundo, con Nieves Herrero (fragmento)

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