18/2/2009

"FLOTATS"

El Encuentro

No se trata de un vodevil. Ni una comedia de enredo. Ni de una obra de humor para la risa fácil y el regocijo. Ni de un drama cargado de sexo y cimbreantes cuerpos in púribus. No. En El Encuentro, con traducción admirable del gran crítico Mauro Armiño, el autor, Jean-Claude Brisville, plantea al espectador el choque intelectual entre el maduro Descartes y el joven Pascal con diálogos que se adentran en la incógnita del hombre, en no saber a dónde vamos ni de dónde venimos, en la razón y la fe, en la ciencia y la imaginación. Una obra, en fin, de alta calidad que parecería destinada a un público minoritario.

Sumario

Pues no. Los espectadores abarrotan día tras día la sala grande del Teatro Español, siguen la comedia sin una tos, ríen alguna ingeniosidad sutil y al final se comen a aplausos el escenario. Un éxito de Mario Gas al contratar esta obra. Un acierto para Albert Triola, convincente en un Pascal fanatizado por el misticismo religioso y la idea de lo absoluto. Y claro, José María Flotats, que es mucho más que un actor. Es el hombre-teatro. Lo ha sido desde que empezó hace cincuenta años en el Guimerá de Barcelona. Perdería el tiempo subrayando la calidades interpretativas de Flotats. Hace un Descartes convincente, razonador, taimado, sutil, con los pies en la realidad y la mente en las alturas. El gran actor catalán no interpreta a Descartes. Es Descartes. No se mueve por el escenario. Forma parte del escenario. Es teatro puro, la naturalidad completa, el ideal de la Comédie Française.


Flotats a dirigido óperas, ha creado el Taller 75, ha hecho cine y televisión, pero es sobre todo el actor de Cyrano de Bergerac, al que Rostand hubiera puesto un diez; es el intérprete de Lorenzaccio, de El misántropo, de Arte, con el descubrimiento en España de Yasmina Reza, de París 1940, de La cena, de Stalin, de las cuarenta comedias también que interpretó en la Francia más exigente. A Brisville por cierto se le adelantó Maria Manuela Reina que la Libertad esclava desarrolla la conversación, que nunca existió, entre Lutero y Erasmo de Rotterdam, con un diálogo que nada tiene que envidiar al de Talleyrand y Fouché o al de Descartes y Pascal. No está de más hacer justicia a una dramaturga española, olvidada hoy en su retiro sevillano.


El encuentro de Descartes con Pascal joven es una producción de Taller 75, con la colaboración del equipo del Teatro Español. Este equipo lo integran más de cien personas. Un teatro privado no necesitaría más de ocho o diez. Pero como pagan los contribuyentes madrileños, a mi querida y admirada Alicia Moreno le parece muy bien que se agiganten las nóminas. A eso se le llama disparar con pólvora de rey.


El racionalismo antropológico de Pascal le acercó al gran filósofo de la época: Descartes. El matemático fue el padre de las computadoras que tres siglos después han descuartizado el viejo orden del mundo. Pero su experiencia religiosa le electrizó y abandonó las ciencias para dedicarse a la teología. Su libro Pensées está todavía vivo y en vigor. Pascal, joven y vehemente, conversa en El Encuentro con el filósofo que admira, Descartes, y entre la autenticidad de uno, las vehemencias de otro, la inteligencia de ambos, Brisville ha construido una obra de alto calibre intelectual, sobre todo por el aliento que le da ese gran personaje del teatro que se llama José María Flotats, ante el que rindo mi admiración sin una sola reserva.

Luis María Anson, El Cultural (El Mundo)

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